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Lindero Norte
Antonio Heras De priístas, pluris y electos Afloró “el priísta que todos llevamos dentro…” Con la frase que acuñó Felipe Calderón en los tiempos posteriores a su derrota electoral en Michoacán y su asunción a la dirigencia del Partido Acción Nacional, se puede partir para hacer referencia al triunfo del Partido Revolucionario Institucional en Baja California. La soberbia antecede a la derrota. También es una sentencia popular que puede representar la piedra de toque de la hecatombe panista en la entidad. Por cierto, hay quienes se ufanan ya de la victoria tricolor y buscan el cabildeo de líderes de opinión para destacar sus virtudes y erigirse como los grandes vencedores cuando apenas lo que hicieron fue aparecer en las fotografías, con esa oportunidad y oportunismo que los caracteriza. Escribámoslo así. el priísmo bajacaliforniano que gusta de los efluvios del poder y que se ha significado por ganar perdiendo, prácticamente fue relegado de la operación y estrategia política-electoral. Acostumbrados a estar en los cuartos de guerra, ahora no llegaron a estar cerca de los sanitarios, porque en México ya conocen la manera en que se las gastan para la compra y coacción de conciencias y elecciones, incluidas las propias. Por vez primera y luego de 20 años, el Comité Ejecutivo Nacional del PRI volteó los ojos a Baja California para hacer presencia real con personajes de la talla de la dirigente nacional y diputada federal Beatriz Paredes, del senador Manlio Fabio Beltrones, del gobernador Fidel Herrera y una equipo de operadores políticos –muchos de ellos sonorenses y representantes populares- que desarrollaron una estrategia político-electoral ajena a Baja California pero que les resultó en los cinco municipios. La visita de Enrique Peña Nieto se canceló porque sus asesores nunca se imaginaron el escenario de triunfo como se realizó el pasado domingo. En un singular comunicado de prensa, el senador Fernando Castro Trenti aseguró que en la Delegación Margarito Saldaña de Tijuana (sic) se había registrado una serie de triquiñuelas electorales. La mirada rápida y atenta se topó con el nombre delegacional por lo que se puede presumir un yerro garrafal en la redacción del boletín flamígero, un desconocimiento de las delegaciones municipales o el descargo de las pretensión de sustituir los nombres de los próceres locales para renombrar algunas partes de la ciudad. Por cierto, los operadores reales le echaron en cara su ausencia en las campañas de proselitismo. A las 14.28 horas de ese domingo, el candidato priísta Francisco Pérez Tejada Padilla entró, presuroso y con teléfono celular en ristre, a las instalaciones del Hotel Lucerna de Mexicali. En uno de sus salones se llevó a cabo la operación de tierra y movilización. Con la información de encuestas de salida, el destino de Panchillo era desolador porque supuestamente tres puntos porcentuales era la distancia con Raúl. Cuarenta minutos después, mientras entraba y salían hombres y mujeres con la piel curtida por el sol, salió preocupado para seguir llamando por teléfono, con quienes se encontró a su paso sólo alcanzó a medio saludar e ignorar ante el escenario. Salió a una camioneta pick up blanca, donde lo esperaba su joven asistente y regresaron a la sala de análisis prospectivo de su elección, lejano del priísmo bajacaliforniano. Las horas felices del priísmo bajacalifornia fueron de las 16 hasta el cierre de casillas cuando iniciaron la movilización real de sus simpatizantes, a diferencia de los panistas que se atrincheraron en sus oficinas a esperar que los votos cayeran como tradicionalmente sucedía, elección tras elección. A esas horas, al mediodía de la jornada, todavía había confianza en las encuestas. Alguien llegó al bunker del PAN en el inmueble del comité directivo municipal para asegurar que López se encontraba por encima de Pérez Tejada por cinco puntos porcentuales. Y ese “estratega” mantuvo la esperanza hasta pasadas las 18 horas entre los integrantes de la comitiva azul. Pero nunca llegaron los votos. En la conferencia de prensa del dirigente estatal del PAN, Andrés de la Rosa, un dato quedó volando. La referencia de encuestas de salida que daban por ganado cuatro de cinco municipios, a excepción de Tecate. Quizá sea cierto, es lo más seguro, pero los datos eran de las 16 horas. También, las últimas mediciones se hicieron días al menos una semana antes de la jornada electoral. Lo que también es cierto es que manejaron información de la preferencia electoral que habría los días previos a la elección, cual fotografía de esperanzas e intenciones. Un dato que llama la atención es la escasa representatividad de nuestros gobernantes. Los próximos y los actuales. En esta ocasión, el dígito anarcosensualista 69 ocupó el porcentaje de abstencionismo. De los más de 2 millones 300 mil electores posibles, sólo se registró una votación del 31.7 por ciento. Por Pérez Tejada y Bustamante sólo votó el 14 por ciento de los electores; Robles Aguirre, el 15; Pelayo, el 16; y Urbalejo Cinco, el 22. Aunque es sabido que en la democracia mexicana un solo voto hace la diferencia. Más allá de la defensa del voto para confirmar triunfos electorales, la otra guerra que se libra actualmente es entre los candidatos y partidos perdedores por las posiciones que representan las curules plurinominales, en este caso nueve. De no meter el Diablo la cola y con base en el porcentaje de votación, los diputados plurinominales de Baja California serán Maximino García, Lizbeth Mata, Raymundo Vega y Gustavo Magallanes del PAN, Arcelia Galarza del PANAL, Virginia Noriega del PRI, Francisco Sánchez Corona del PRD, Claudia Josefina Agatón del PT y Marco Antonio Vizcarra del PEBC. Hoy más que nunca adquiere vigencia el cuento de Monterroso: “Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí”. | ||||